miércoles, 24 de diciembre de 2008

Suegros y transplantados


Creo que uno de los idicativos reales del nivel cultural y humano de un país tiene un reflejo muy directo en la música que consume, y en consecuencia, a los programas musicales que emite. Está claro que todos los programas musicales enfocados a una parcela un poco alternativa han fracasado una vez tras otra, siendo eliminados de las parrillas televisivas sin contemplación. Como excepción podríamos hablar de alguna serie de programas en TV3 (Loops, Sputnik) y los conciertos de R3 a las dos de la mañana.
Que el programa especial de Nochebuena vaya a ser ocupado, por enésima vez consecutiva , por Raphael cantado el Tamborilero (o como leches se llame) me remueve el estómago. No se cuantos años debe llevar haciendo su programita, pero sospecho que a más de un empleado de RTVE lo han prejubilado con la mitad de años que a éste. Por lo visto , el hombre, no está muy fino de salud -creo que le han tenido que hacer algún transplantillo- y últimamente el programa ya es Raphael and Frieds, repartiendo un poco el peso de la emisión y dándole el toque de "exotismo y modernidad". En definitiva, consiguiendo el producto televisivo con más caspa desde el un, dos, tres presentado por Jordi Estadella.
El proceso de succesión está pues abierto. Me imagino a Bunbury de aquí a quince años (siempre y cuando algún plagiado no se lo haya cruzado por la calle) cantado "Hacia Belén va una Burra" con una zambomba, o a Alaska, con cuatro tallas más de tetas, cantando el "campanas de Belén" con un plató lleno de travesties. Pero puestos a elegir sucesor, en este país promonárquico y tan poco dispuesto a cambios traumáticos, yo apuesto por el propio hijo. Y apuesto, no por sus dotes de intérprete, sino por el suegro que se ha echado. Por cierto también transplantado, de pelo y de cargo.